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sábado, 26 de julio de 2008

Fábulas y reflexiones


Fábula del hombre ilustre y la madeja de hilo

La primera palabra del hombre ilustre fue: mamá.
La última, apenas una exhalación en la que algunos creyeron reconocer el nombre de uno de sus personajes literarios; otros una grosería; otros un simple ¡ay! prolongado, esforzado y fatal.
Entre ambas palabras hubo una larga carrera de discursos, novelas, conferencias, solemnidades, declaraciones, vulgaridades, confesiones, hipocresías, lirismo, vanidades, palabras de amor, de odio y de estudiada indiferencia.
El hombre ilustre se había pasado la vida desenredando el laberinto de las palabras, como cuando uno se empeña en desenredar una madeja de hilo llena de nudos, simplemente porque el hilo y los nudos están ahí, exhibiendo malignamente su embrollo como un reto, para darse cuenta al final de que en realidad con un pequeño extremo le hubiera bastado para coser un botón.

Miguel Ibáñez de la Cuesta

(...)

La sencillez está tras la maraña de nudos generados por multitud de pensamientos, hábitos y seguridades que quizás en algún momento han sido necesarios pero, ¿quién no tiene en su casa cosas que no necesita, incluso para tirar? Y sin embargo echar no es lo nuestro. Parece que caminar con todo el equipo de virtudes y carencias, junto con aquello que nos ha servido alguna vez o simplemente no nos atrevemos a desechar o se encuentra en algún lugar olvidado y ni nos acordamos... sea nuestra silenciosa decisión ante las pequeñas y no tan pequeñas cosas de la vida.

¿Recordáis la serie de televisión Macgiver? En sus casi idénticas situaciones, él buscaba un pequeño extremo para, desde ahí, crear la solución o salida a su problema. Aunque sea un personaje de ficción, ¿por qué no tomar ejemplo de alguien que nunca veía la parte mala y sí la posibilidad de convertir una encerrona en puerta de salida?

A veces, quizás muchas, necesitamos que nos digan desde afuera lo que no sabemos ver, aún así, en la práctica, aparece "el de siempre" y la impotencia acude a nuestro receptor como una onda hertziana. Cada cosa tiene su tiempo, como cada tiempo tiene una cosa y a veces hay que simplemente aceptar esto y observar más allá de los pensamientos y deseos lo que hay, y con el sosiego de la atención al observar, salir de la maraña propia y ver el siguiente paso con armonía, no con fricción. Quizás lo mismo, según desde donde lo observamos, cambia y nos hace cambiar, por sentir que creemos poder hacerlo, aunque se trate de algo nuevo o diferente, aunque se trate de lo mismo de siempre, pero nunca es igual, cuando el talante tampoco es el mismo.

La fábula de la vida está escrita en cada cual. Leer el propio guión es no necesitar ninguna seguridad para caminar.

Emig

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6 comentarios:

María dijo...

Siempre tenemos mucho más cosas de las que necesitamos, y que lo único que hacen es estorbar en nuestros hogares, porque las tenemos ahí pero no usamos, y, que si tuviéramos, únicamente, las imprescindibles, seríamos mucho más felices, porque las disfrutaríamos más intensamente, sin tener que estar pendiente de las que no usamos, para lo cual, siempre se debe hacer en nuestros hogares una retirada de objetos para que no se abarroten nuestros armarios, y los objetos que no necesitamos, donárselos a otras personas, que quizá sí utilicen y les haga mucho bien recibirlos porque ellos no lo tienen.

Exactamente, en nuestro cerebro, sucede lo mismo, que en nuestra mente tenemos mucha paja que no nos sirve, y debemos desecharla haciendo una limpieza interior.

Me encantó tu post, como siempre, todos me hacen reflexionar, tu blog es un auténtico manantial de reflexiones. Muchísimas gracias por compartir tan maravillosos posts.

Te deseo un feliz fin de semana.

Un beso.

Esther dijo...

Hola Emig! me ha gustado mucho este post , y me ha encantado la expresión de que la fábula de la vida está escrita en cada cuál , pues a nuestra manera todos somos escritores, los escritores de nuestro propio guión, y cuando dejamos que alguien nos lo escriba la película no tendrá un final tan feliz..

Besos

JoseVi dijo...

Tan cierto como la vida misma. Muy buen comentario y me encanta tu blog, un fuerte abrazo no cambies.

Emig dijo...

Hola María.
Hablas de simplificación para ver más claramente... ¡y me gusta! Quizás las sensaciones de tedio, las dudas, las indecisiones... son ellas fruto de la necesidad de simplificar y así tener menos en donde mirar, que también es menos lastre, y así la sensación de ir más livianos nos acompaña y conduce hacia donde vamos, que a veces no lo vemos claramente y son los días quienes nos asaltan con las mismas dudas e incertidumbres, sin saber si algo lo queremos hacer o no, sin saber si debemos o no, cuando la respuesta está tras la paja...
Un beso!

Emig dijo...

Esther... buenas!
Quizás ni un final feliz ni un contenido propio y por lo tanto coherente. Supongo que nunca hay que buscar afuera lo que debemos buscar adentro y las fábulas son palabras de acercamiento muchas veces hacia el interior...

Besos!

Emig dijo...

Josevi... Una sorpresa leerte y mi agradecimiento por tu comentario. Digo una sorpresa porque al ver tus blogs... somos de muy cerca :) aunque no caigo en quién eres, encantado y te visitaré.

Un abrazo!