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lunes, 30 de junio de 2008

El correo del zar


Miguel Strogoff, el correo del zar. Una película que acabo de ver y disfrutar. Un clásico que sólo mi memoria adolescente recuerda, junto con sensaciones de vivir algunas escenas que acercan al llamado cumplimiento del deber, el honor, la amistad y el amor.

"Hay viajes que conducen más a un destino que a una meta".
Esta frase la nombra el capitán Strogoff en un momento de la película. Gracias al botón de pausa he tomado nota y me gustaría compartirla con todas y todos.

El viaje de la vida tiene un cometido. Doy por hecho que la finalidad es aprender, seguir aprendiendo todo aquello que nos corresponde y, para ello, se presentan multitud de circunstancias, situaciones, problemas y personas. La diferencia que veo entre meta y destino es que aquello que debemos hacer en cada momento forma parte de ese destino, de la razón que desde nuestro interior, nos impulsa y da sentido al caminar. Las metas son pequeñas paradas que nos dan satisfacción y el empuje para continuar en la brecha, ellas nos indican el cumplimiento de lo prioritario. Importantes son las metas porque si nos equivocamos en su elección, el viaje puede no conducir a ningún lugar.

El viajero tiene la maleta de la persistencia llamada voluntad; la del deseo, que mueve los primeros pasos e incita a ver más allá de la propia visión; la maravillosa mente, pues con ella el caminante entiende todo aquello que se mueve y tiene su ser, dando forma al mundo del pensamiento, la palabra y las infinitas ideas que acuden y se traducen en impulsos.
Conocemos en el camino la amistad, cada persona nos demuestra una tonalidad y aprendemos lo grande que es. Podemos en cualquier recodo del camino encontrar el amor, una condición que nos hace volar y unifica la expresión, pues voluntad y deseo hacen la misma función, porque desde ahí, rige el corazón.
Quizás cada cual llevamos un correo. Llevamos ingénito el íntimo mensaje de lo que somos y durante el viaje lo descubrimos, al mismo tiempo que, gracias a la comunicación, alentamos a otros para que hagan lo mismo. Posiblemente la unión de muchos correos, nos demuestre algún día el sentido del caminar, eso que llaman felicidad, que aparece cuando la cercanía se convierte en unidad.


Emig

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sábado, 28 de junio de 2008

Conjura o utopía


Acabo de llegar a casa. No suelo salir con el móvil casi nunca pues no me gusta mezclar conversaciones vivas con telefónicas que entrecortan la comunicación. Aún así, algo me impulsa a ponerlo en marcha. Lo hago y una sensación anhelante surge con disimulo desde mi interior. Pasan los segundos y la pantalla azul aparece. No tarda apenas en sonar el pitido indicador de que hay un mensaje de una llamada perdida. Menos tardo yo en ver quién es. Resulta ser un amigo, ¡lástima! pues hubiera conversado muy gustosamente...
La sensación de anhelo queda rezagada y silencia su quejido. En realidad no es quien mi mayor silencio esperaba. A veces, no es el deseo de querer algo concreto quien nos saca la sonrisa, tal vez, lo simple es sorprendente porque no lo esperas, suena y su eco resuena en el interior, convirtiendo en alegría los latidos. Un agasajo esperaba a modo de mensaje; un regalo de alguien. A veces no son necesarias muchas palabras, tan solo un "hola" en el momento preciso y de la persona escogida desde el corazón, es la savia que eleva la moral de esa tropa de invisibles partículas del sentimiento que llamamos amor.
Pero el Universo no conspira contra nadie, pues sería hacerlo contra sí mismo. La etiqueta o definición más real de cualquier pensamiento, sentimiento o vivencia la pone el tiempo. La entereza que necesitamos para comprender esto no surge de ningún conformismo, tampoco de la represión o la ilusión, mas creo que sí de la comprensión de lo grandioso que es donde vivimos, y el orden natural de las cosas. Tenemos mente y decidimos. Somos impulso y ahí que vamos, pero también somos corazón, y la reflexión no son pensamientos encaminados al sofá de la esperanza, sino que el propio ritmo absoluto actúa con la sabiduría de que todo tiene un sentido, una respuesta, un camino visible... a su debido tiempo.
A veces me pregunto, si la utopía de hoy, será la realidad de mañana. Si los que vivimos de utopías estamos acertados porque intentamos vivir sin esperar, porque seguimos plantando en ese campo que está cercano, que no es fruto de ninguna búsqueda añorada, ni de un hacer a cambio de, sino del discernimiento que surge cuando el sigilo de la palabra acompasada al hecho, forma parte del propio caminar...

Emig

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NOstalgia


La nostalgia es tan pasajera como el instante que ya pasó, como el recuerdo que nunca se volverá a repetir porque la vida fluye y, cuando las gafas de la nostalgia tamizan nuestros ojos, aparecen lágrimas que enturbian la vista, avisando que no debemos ver por ahí.

Te limpias los ojos en el baño. Te miras en el espejo, te ofreces la mejor de tus sonrisas, vives ese preciso instante como un auténtico presente y partiendo de ahí, te das cuenta que la vida sigue como el minutero del reloj: sin parar.

Bajas los peldaños hacia tí, donde anida la profundidad y habita tu ser. Coges el primer tren que pasa y decides seguir el viaje del que nunca debiste bajar. Dejando que todo suceda y sintiéndote uno más en el linaje que es vivir. No es un paseo ni una escapada fugaz, no es un reproche ni una rabieta, es la decisión de vivir lejos del culebrón y cerca de la propia melodía, que somos cuando viviendo hacemos nuestra canción.

Emig

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viernes, 27 de junio de 2008

Canto sin respuesta


¿Quién eres que te confundo con la expresión de mi alma?
Quizás algunas veces he traducido mal la sensación y la sinfonía de tu rostro no era el motivo del despertar de mi conciencia. Quizás, cuando he necesitado pensar en otra cosa para salir del enjambre de multitud de pensamientos, todos llenos de rutina y aparente concordia, he sentido algo suave como una brisa interior, cuya llamada era cercanía de lo bello, me he aproximado y en lo hermoso he encontrado tu presencia.
¿Acaso no eres tú? Porque si lo eres, ¿por qué no estás aquí?
Ya no cruzo ríos profundos sorteando piedras que sobresalen, tampoco anuncio la pérdida de ese reino nunca visto de cerca y sólo sospechado desde la emoción de las emociones. Ya solamente camino en lo que veo andar, sin seguir pasos que antes eran mi mundo y ahora son espejismos de ilusión centelleante. Me sitúo en un lugar que no ocupa espacio ni tiempo, que no pregunta y, aunque todavía siento silbidos que presagian tu llegada, no creo en la anunciada cercanía del próximo encuentro, no creo o no quiero, porque sería volver a relucir como diamante en el país de la eterna pregunta:
¿Quién eres que te confundo con la expresión de mi alma?

Emig

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jueves, 26 de junio de 2008

Palabra escrita o la magia de la expresión

Hola, soy un blog. No tengo la facultad de escribir, pero dejo que en mí lo hagan. Me presto a ello y aunque no tengo vida propia, veo las caras de todos aquellos que me visitan. Soy un libro abierto y a veces mi primera página se actualiza cambiando la primera vista.
No siento, no puedo expresarme, dependo de un servidor que siempre debe estar en funcionamiento, un sistema operativo que puede fallar y una base de datos que recoge todo aquello que se plasma. Si todo esto va bien, yo funciono como el primer día.
No soy respeto pero puedo hablar de él. No soy amor y sin embargo enamoro. No soy ninguna droga pero hay quien dice que soy una nueva forma de dependencia. Soy tan amable y simpático como las frases que hay en mí, aunque puedo ser lo contrario y tener la misma cara sonriente. Cada vez somos más y ninguno igual. Hay muchos que dicen que somos libres porque aceptamos el reto de la verdad sin tapujos. Nos atrevemos con cualquier cuestión y hasta las personales son creativas, no seriales. No tenemos normas ni señales. No conozco el gusto ni tampoco el disgusto. Estático y servicial permanezco. No tengo confín salvo el propio límite de la expresión. ¿Me debería sentir grande por ello?
Hay alguien que siempre inicia los temas y posteriormente más personas leen y hacen comentarios. Suele escuchar música mientras escribe, aunque a veces le veo hablando por teléfono con cara de querer hacerlo corto y continuar la escritura. Creo que me presta mucha atención cuando está conmigo. Yo le permito hacer lo que sea y, aunque no lo sabe, pongo ganas en lanzar sus temas al aire lo antes posible pues, para mí, es como salir con una vestimenta nueva que verán muchas caras, dependo de todo lo escrito y disfruto porque no se habla mal de mí.
En este post, me han permitido aparecer, no lo he pedido, pero creo que lo deseaba. Además de una plantilla y no ser quien escribe, doy la cara y no tengo vacaciones ni voy a la playa. Hoy, puedo decir que me han sacado de paseo.

Lecturas y Pensamientos

(...)

La palabra no es fácil cuando no hay nada que decir, mas cuando comienzas la expresión, si te fijas, te sientes un pequeño creador en potencia. Escribiendo desaparece el interminable careo que la mente baraja con los pensamientos. Escribiendo surge un testimonio que suena a cercano, próximo a una esencia que incluso está por descubrir hasta que terminas de escribir.
No se trata de que cuando escribes puedes echar el papel y empezar de nuevo, o desde un ordenador con la tecla de retroceso, borrar lo escrito. No es esa comodidad la que me impulsa a escribir. Escribir es aprender a leer(se) uno mismo. Dejar una constancia que no se la lleva el viento e ir encontrando los propios acordes de esa modesta sinfonía que clama por salir y forma parte del descubrir, con paciencia y esmero, la múltiple geometría de la palabra, más allá de la vibración ya que parte del silencio y la atención.
Callada quietud cuando sólo suenan las teclas, cuando la mente en blanco no piensa, pues parece expectante a la sonoridad interior y rezuma diminutos impulsos que se traducen sobre el vacío blanco del monitor. Quien escribe se adentra sin saberlo en el mundo de las ideas. No pretende descubrir nada nuevo, pero siente que ese espacio infinito de arquetipos se mueve y se siente inmerso en su propio mundo interior...
“La atracción molecular hace que las moléculas de las cosas no se deshaga”.
Menuda conciencia debe existir en nuestro interior. Al escribir siento más el movimiento que provoca mi entereza en la vida; esto de escribir resulta ser una dieta salubre para el espíritu; sintiendo la fuerza de cada letra y cada palabra, cuya unión, crean la síntesis del entendimiento, como esa atracción molecular.
La escritura es el mensaje del valor de un instante o muchos. Su plasmación resulta del movimiento que impresiona y expresa a la vez, quedando en algún lugar del espacio que conocemos y como luz o como sombra, irrumpe con la fuerza desde la conciencia del movimiento que conlleva la unión de sus letras. Dejarse llevar es soltura. Escribir no es hablar, quizás es lo más parecido a sentir cercanía estando en soledad, expresar la propia letanía microcósmica y hacer de la pluma un canal que más allá de la tendencia, relata ecos del universo y su latencia...

Emig

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miércoles, 25 de junio de 2008

Apaga y vámonos

No he visto qué hora es, pero sé que no me apetece escribir. Prefiero salir un rato y dar un paseo. El teclado con cara de asombro me mira perplejo. Ve como me levanto y la mano derecha coge el ratón, y, desde la manzanita elijo apagar equipo. Salen todas las aplicaciones y aparece enseguida un menú que me permite cancelar la función o me da noventa segundos para decidirlo, o bien, finalmente el equipo cerrará la sesión y se apagará.
Aunque es un plis plas, en realidad parece que dura más cuando te fijas en los sonidos del cabezal del disco duro que deja de leer y sube, y los ventiladores bajando la velocidad con la misma seguridad que iniciaron su marcha.

Tengo la ventana de la habitación abierta. No escucho música. Pero el simple hecho de apagar esta máquina, me hace pensar en lo que me estoy perdiendo. Por orden de importancia, primero, siempre pongo el correo electrónico que ya no leeré hasta mañana. Esto siempre es un alucine, como cuando te llaman al móvil o llamas tú, pero suelen haber más correos que llamadas. Los mensajes me los estoy perdiendo. Todavía no me he levantado del asiento, sigo con la ventana abierta y escucho –quizá más claro que otras veces– cualquier sonido exterior. Esto me alegra pues me da la sensación de estar más en contacto con la "otra realidad".

Casi se me va la mano de nuevo al botón de inicio del ordenador. Mira que me ha costado frenarla. Mi mente recuerda que he visto la cuenta de yahoo, ¡pero no la de gmail! y, ¡anda! si a estas horas es cuando actualizan algunos blogs...

Si nunca he visto como tentación internet, esta vez todos los demonios están confabulados y dándome con el mismo tono de voz el idéntico mensaje de: "vuelve". Qué peliculero soy, de pronto estoy llamando a internet una tentación farragosa. Hago de pensamiento mi propia declamación contra esta ventana virtual y desecho momentáneamente estos pensamientos...

¡Pero qué ventana acabo de apagar! Además, saldré a dar un paseo y echaré en falta mi sentada de quince minutos en el sofá y la repasada de todos los canales, haciendo el "deding" habitual y cambiando antes de saber incluso qué están poniendo. La televisión creo que potencia más el uso de internet. A veces me río al pensar esto pero, creo que esa caja "tonta" como la han llamado a veces, necesita un cambio de arriba a bajo y lo más creativo que detecto, curiosamente ¡son los anuncios!

Me siento distinto. Ha sido apagar el ordenador, plantearme algo diferente, y vivo la sensación objetiva de mi dependencia con esta tecnología. A favor de ella, últimamente observo y opino que hay también mucho y relevante. No hablo del chat, pues antes hablo con una hormiga que con un nick que en realidad no sé si es hombre o mujer, y la hormiga ¡sé que es una hormiga! Pero los blogs y las personas que dan vida a estos, tienen un valor cuya simiente comienzo a apreciar de verdad, como poniendo esto en la agenda diaria de mi vida. También me gusta la información en la red, pues ahí, la información la buscas, no te busca ella como en otros medios y así, parece que eliges más una tendencia o la duración de un partido de fútbol, que en mi caso es ver el resultado si coincide...

Me vuelvo a sonreír pues me doy cuenta que el paseo lo estoy haciendo con el pensamiento... Pero me mantengo en mis trece, el equipo sigue apagado, aunque mis pensamientos estén en movimiento y unas invisibles manos, en algún teclado de otro plano existencial, estén escribiendo lo que mi mente piensa.

Internet puede ser una gran puerta al compartir. También a la creatividad; a la intimidad pues, quien tenga recelos compartiendo un poema, un texto o cualquier comentario, teóricamente el anonimato es la firma, con lo cual, lo que no haríamos delante de muchas personas o en un examen, lo hacemos aquí y quizás, sin los pasos previos de una enseñanza al estilo de "operación triunfo"; y sale entre col y col, una lechuga que es de nuestro propio bancal, ese que hace un mes ni sabíamos que existía.

¿Quién no se ha sentido lejos de aires academicistas, simplemente por no haber tenido acceso o bien cualquier otra causa y, sin embargo, lleva en su interior esa frase, párrafo, libro entero que un buen día decide compartir?

La forma es importante mas el fondo lo es más, porque es de ahí desde donde partimos en cualquier forma de expresión. Ahí no hay manipulación. Somos constancia o inseguridad, resueltos o veletas, pero es nuestro propio camino, quizás más importante la expresión porque nace desde el yo y surge llenando un "papel" en blanco, que no requiere una velocidad de tabulación o un número determinado de palabras.
Hay muchas cosas que nos invitan a pensar. Personalmente prefiero aquéllas que invitan a crear...

Emig

"Aprender
es descubrir
lo que ya sabes.
Actuar es demostrar que
lo sabes."
Richard Bach

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martes, 24 de junio de 2008

El ovillo de los pensamientos


Hoy ha amanecido un día gris. Qué nubes más densas y, por lo que veo, cargadas de agua. Encima tengo dolor de cabeza ¿será por el tiempo que hace? Pasan varios minutos y observo sin fijarme apenas que mi humor no cambia, es más: simplemente no aparece. Mi mente se llena de preguntas, de porqués. Que si no he dormido bien, que si ayer tuve un día muy duro y el de hoy... ¡ni te cuento!

El tópico del pie izquierdo hoy no lo contemplo. Hoy son las nubes y el viento. Y no me siento pesimista, tan solo me estoy convenciendo de que tengo razón. Hoy puede ser un mal día...
Ya ves, ayer guardé definitivamente toda la manga larga y hoy hace frío... ¡un frío de cojones! Vaya... ¿me estoy enfadando o me estoy enfadando?

Bueno, sólo han pasado diez minutos desde que me levanté, seguro que en una horita me olvido de todo y saco mi primera sonrisa...
Voy al baño y en vez de preguntarme dónde está la toalla, refunfuño conmigo mismo, criticando el desorden que soy. Encima, recuerdo que la tengo en la lavadora. ¡Buen lugar, si señor! Pero tengo más y, por no buscarlas, cojo directamente una que tengo cercana, ¡una toalla de playa! Sin demasiado convencimiento entro en el baño y, al abrir el grifo del agua caliente, agradezco que ésta sale pronto templada, sin tener que hacer malabarismos que me llevan desde Siberia al Gobi en pocos segundos. Más calmado, aunque sin sonreír, dejo de pensar, solo siento el agua caer con fuerza sobre mí y lo demás, la propia gravedad se encarga.

Me pregunto si los peces piensan. Me viene como que no. ¿Un pez pensar? Me lo pregunto porque debajo de la ducha, ese día observo que ¡no estoy pensando en nada! Me gusta esa sensación. Parece que el pensamiento, más que estimular, lo que hace es el ovillo más grande. ¡Pues menudo ovillo debo tener yo!, me digo a mí mismo y, todavía sin pensar, sale una sonrisa.
Sigo en la ducha. Nada me impulsa a querer salir. Es como estar y ser agua también. Todo porque no pienso, me dejo llevar sin más y sigo sintiéndome vivo, sólo que sin pensar. ¡La mente debería tener un interruptor! Vuelvo a sonreírme. Pero es que, me siento tan tranquilo...

Creo que la propia mente ha confabulado contra mí hace sólo unos instantes. ¿Por qué tanto rechazo a las nubes? Y encima, soy un as argumentando lo que me interesa... Ayer mismo, pensaba hablar con Don Jaime y decirle que, definitivamente, la tesis no la termino... ¡Ja! No me fío de mis pensamientos. Ahora mismo, aunque pienso, pero no veo las cosas igual.
¿Dónde estáis, pensamientos de ayer? No me responden. ¿Los pensamientos se esconden? Sospecho que los pensamientos no son de fiar...

Tengo los ojos muy abiertos. Ya no queda jabón en mi cuerpo, ni en el pelo... ¡ni en las orejas! ¡Perfecto!


Salgo de la ducha, esta vez me río por no buscar una toalla y tener, ahí mismo, el enorme tocho playero con el dibujo del castillo de naipes cayendo. ¡Naipes cayendo! Sí, así son los pensamientos. Cuando he reflexionado, han ido cayendo uno tras otro, quizás escondidos de nuevo en ese agujero negro que es la mente y, ¡vaya! me he sentido más yo...
Entonces, ¿de dónde vienen los pensamientos? ¿qué son?

Me estoy vistiendo. Me siento tranquilo, relajado, pero algo me dice que no ha sido la ducha, sino lo que he vivido en ella. Hoy no desayuno en casa, prefiero un bar, me tomo un café y directo al trabajo.
Estoy conduciendo, y todavía siento la brisa de reflexión que me ha acompañado en la ducha. Tendré que controlar mis pensamientos. En vez de pensarlos, voy a observarlos, creo que podré y así, decidiré cuáles se quedan.

Aparco frente a una gran fachada, que todavía no está pintada y alguien ha aprovechado para colgar su cartel publicitario. ¡Qué poco le queda a este cartel!, pienso. A la vez, me fijo en su contenido. De nuevo veo un ovillo, esta vez no está en mi pensamiento, sino fuera.
De nuevo la reflexión activa mi mente y deja hablar a mi corazón. Algo me dice que no soy el ovillo, que yo soy yo, que siempre puedo hacer lo que me proponga, que soy libre de pensar y de actuar. Que las palabras se las lleva el viento porque tal viento son los pensamientos, pero, si elegimos bien, no somos ningún ovillo...

Emig

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lunes, 23 de junio de 2008

Soy la respuesta


"Nadie está tan equivocado como aquél que conoce todas las respuestas"
Chuang zi


¿Para qué necesito respuestas cuando me hago las mismas preguntas?
Quizás si dejara al tiempo fluir, no sería la promesa del ánimo subjetivo quien me llevaría a plantarme un buen día y preguntar de nuevo al espacio y al tiempo eso de ¿qué pasa conmigo?
No me gustan las respuestas cuando éstas vienen de preguntas. Desde que nací y a lo largo de mi vida, nada me ha hecho ver que sea fruto de una pregunta, quizás, de alguna forma, soy producto de una respuesta: de la vida. Entonces, quiero no pensar, aunque mañana tenga cosas nuevas que vivir y sienta temores, recelos...

Soy una respuesta, soy la respuesta. Está todo en mí y de mí depende que todo vaya saliendo. Cuando era preguntas y respuestas, me daba cuenta de que vivía enmarañado, porque pensaba que a más pensar, mayor seguridad sentía.
Ahora no lo veo así. Lo veo diferente porque en vez de llevar el papelito para el gran discurso que es vivir, convierto esa gran homilía en cortas frases que cada día debo realizar y así, no necesito la chuleta que me acompañe y me haga sentir seguro pues, cualquier cosa que se nos presenta en la vida es porque estamos capacitados para realizarla.

"Nunca te conceden un deseo sin concederte también la facultad de hacerlo realidad. Sin embargo, es posible que te cueste trabajo". Richard Bach

Cuando me preguntaba me abrumaba. La respuesta no me daba valor, aunque me confortaba. Ahora que soy respuesta, lo único que hago es caminar, pues entiendo que mi viaje es andar, equivocar, luchar... soy la lanza que no hiere nunca el horizonte, soy quien lo nuevo no teme, porque es nuevo para mí, pero no para el que hay dentro de mí, que lleva la consigna de la verdad y entiende la realidad, porque vive en la eternidad.

Emig


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domingo, 22 de junio de 2008

No es importante, no es verdad, es útil.


Idealizar no es importante, no es verdad ni es útil; aún así nos ocurre cuando menos lo esperamos, pues por esa puerta trasera, como un troyano, entra en nuestro sistema y el detector no pita, simplemente porque éste nuevo troyano no está identificado en la base de datos.

La amistad
es importante, puede no ser verdad pero sí útil. Cuando esta surge desde el compromiso del casual encuentro hay que vivirla sin más. Sin dejarnos llevar por extensas praderas o bosques de paseo con el pensamiento de cercanía, sin identificarla con nadie ni nada pues, nada es idéntico en el universo, con lo cual, dejar que la propia evolución siga su propio curso, es como dejar que ocurra la magnificencia de una puesta de sol, con la simple acción de observarla. La amistad es útil y puede no ser egoísta cuando dos o más personas –por ejemplo– comparten inquietudes, momentos, sin importar si estos son con palabras escritas o furtivas miradas que generan cercanía e inquietud. La amistad puede llenar eso que no sabemos vacío, hasta que de pronto el amigo, la amiga aparece en nuestra vida. Es útil porque cuando recibimos, nos aporta alegría; es útil, porque cuando damos ocurre lo mismo. Es uno de los placeres de la vida, la mutua utilidad, el trueque de compartir.

El amor
siempre es importante, es verdad y es útil. Sin embargo, además de ser un destello imperceptible a primera vista, pero desde dentro, llegar a ser una implosión en nuestra propia galaxia. Éste puede venir de muchas maneras y por muchas causas. ¿Es amor cuando ambas personas sienten lo mismo? Creo que no, necesariamente. Puede una persona desatar ese germen de creación y voluntad prolífica pues en ese momento es lo que necesitamos, aunque desde afuera, nuestro cuerpo-mente y emoción necesite de algo más. Un fuego sirve para calentar, pero, cuando hay oscuridad, aporta Luz. Discernir ambas cosas es volver a ser el Juan sin miedo que tenemos también dentro y, siempre ocurre que: lo que tenga que ser, será. Es verdad porque es quizás la más grandilocuente expresión interna que conozco. Hace luz de la oscuridad y tierno hasta lo más sombrío. Es una fuerza, vendaval, que lleva hacia todo y, ese todo parece estar también dentro de uno. Es la síntesis que permuta haciéndonos creer inválidos antes de vivir semejante fuego. Es útil porque cualquier herramienta se convierte en elemento válido. Parece que todo se mueve y que nada está quieto. Hasta la propia sombra parece adelantarse al paso elegido, siendo como el umbral del continuo portal que se erige en nuestro caminar. Revitalizador es el amor. Convierte el ansia del vivir en continua sensación de despertar, sosiego, quietud, suavidad, permitiendo la sensualidad más allá del placer mundano, conviertiendo el amor en una sinfonía de creación e invocación desde lo más profundo a lo más elevado... Veo el amor, el nacimiento de donde partimos, la fuente adonde vamos. Que así sea.

Emig

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sábado, 21 de junio de 2008

Importante. Importancia.


"Contempla en la vela que lleva este candelero, a quien doy a luz, aquello que clarificará ciertas sombras de ideas... No hace falta que te instruya en mi creencia. El tiempo todo lo da y todo lo quita; todo cambia pero nada perece. Uno solo es inmutable, eterno y dura para siempre, uno y él mismo consigo mismo. Con esta filosofía mi espíritu crece, mi mente se expande. Por ello, no importa cuán oscura sea la noche, espero el alba, y aquéllos que viven en el día esperan la noche. Por tanto, regocíjate, y mantente íntegro si puedes, y devuelve amor por amor."

El Candelero
Giordano Bruno



Cuánta importancia se le dan a según qué cosas sin tenerla. Mucha o poca pero no en la justa medida. Ahora, una situación la veo desde la perspectiva de su propia relatividad, mañana, la misma, me siento en el centro de la diana y me doy de bruces hasta que consigo el momentáneo desapego. Hoy me siento austero, mañana liviano, pero al rato proclive a caer en la, a veces, inmundicia de aquello pendiente que nunca asumo desde la prioridad. Subir a la noria siempre me ha gustado y, sin embargo, hay cosas de la vida que me marean, quizás porque soy yo la noria y la indecisión de mi propio movimiento me hace perder el equilibrio. Lo indeleble que es hoy, visto con otros ojos, puede ser mañana un pasado para olvidar. Siento que la decisión es fundamental y uno no debe ser su propia alcahueta en su vida, quizás mejor ese Quijote unas veces, otras Sancho Panza, cuya sencillez e ingenuidad pero también bondad, todo ello unido de ambos, llenos de cualidades, hicieron que sus linajes fueran verdaderas aventuras del aprender y del vivir, desde lo nuevo, lo auténtico, con valores primordiales, secuencias fantásticas e imaginativas, pero con un sentido llamado Dulcinea, amor, aunque yo también lo llamo alma.

Emig

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Franqueza: una locura del espíritu


Hablar de ser franco, por lo menos en este país hace más de treinta años, era interpretado y contestado, según quién, con un: —deja, deja, con uno tenemos bastante.
Los tiempos cambian, las sociedades evolucionan. Aunque ya no se ve a nadie saltar a la comba o mover el hoola hop, los niños siguen siendo niños y los mayores, mayores.
Nuestros mayores y sus antecesores han construido casi desde la nada un paraíso sobre el maravilloso mundo en donde vivimos. Lo que hoy está, ellos tienen imágenes en su memoria de cómo se inició. La banda de música que hoy lleva 50 años existiendo, comenzó desde la precariedad de medios y gracias a la voluntad e ilusión de unos pocos, creo ese espacio cultural, tan necesario y relevante para todos.
Vivimos el fruto de fuertes raíces y semillas plantadas con mucho amor...
Nuestros mayores también vivían la ley de oferta y demanda pero casi, aún recuerdan que antes de ella estaba medio implementado en sus vidas el trueque, impulsado básicamente por el amor y el respeto que sentían. Compartir no era magia de unos pocos.
Creo que todos hemos escuchado de algún mayor la expresión de asombro de cómo han cambiado las cosas tanto. Creo que tal expresión y asombro no iba acompañado de alegría sino de la franqueza del aviso ante el camino escogido (que hoy se llama votado), y dicho desde esa voz de la experiencia. Una experiencia que en la actualidad parece relegada como algo consumado y caduco. Una franqueza que ha sido perfil de muchos desde el pensar hasta el vivir.
Ahora puede que haya franqueza, quizás la misma, pero ¡muchos más intereses! La balanza no está equilibrada. Puede que hayan los mismos valores en el ser humano, ¡pero canta más que no están siendo vividos en el cotidiano quehacer!
Hay quien dice que antes, por la carencia o ausencia de medios de comunicación, no se sabían tantas cosas como hoy, pero que también ocurrían. Cierto será, pues con manifiesta ironía me atrevo a decir que gracias a los medios de comunicación estamos muy informados... Seguramente sabemos más de la vida que el agricultor en su bancal, que éste era parte de su vida y allí la pasaba. Sabiendo desde su intuición el tiempo cuando iba a cambiar. Conociendo el rostro de cada tronco de cada árbol y, por la tonalidad, se atrevía a vaticinar cómo iría ese año la cosecha. Había un observar desde lo natural a lo natural.
¡Y mira que es viejo el cuento de la lechera! Pero creo que se puede ver en la actualidad de casi cualquier medio. Parece que tomamos cada día un vaso de presente de esa leche y de ahí, salimos todavía con el pensamiento lleno, como el cántaro del cuento.
Antes se conocía la violencia, como lo bueno y lo malo. Habían dogmas de fe, monjas de clausura y televisión en blanco y negro. ¿Quién recuerda la radio con sólo la onda media?
Ahora lo más corto que tenemos es el espacio entre el brazo y el mando a distancia...
Antes también existía el retorcimiento, pero tal doblez no se fabricaba como ahora casi todo: en plan industrial. Sin embargo la franqueza no se vende, pero tampoco se valora. Ocurre así con lo que tenemos, por valorar siempre aquello que no.
Incluso el ser ingenuo tiene la suerte de ir con el culo al aire porque quiere, pero la desgracia de que todos lo ven y tientan su suerte, sólo por ser franqueza...
La inocencia de un niño es también como la de un mayor. Uno tiene la mente aún vacía de toda estructura y el otro la experiencia nacida en una sociedad menos llena de cántaros y más llena de valores.
Los mayores, producto de su época, además de trabajar vivían a su manera. Tenían su domingo de ir a la iglesia, la confesión de sus pecados y las fiestas de guardar o los viernes de Cuaresma sin poder comer carne. Nosotros, valientes traductores de la vida, nos damos cuenta de la pequeñez de ese encierro, y, sin embargo, hacemos uno mayor dictado por un sistema que tiene toda la paciencia del mundo pues, desde tiempos feudales, sabe mantener el castillo y los vasallos ¡simplemente llamando empresa al castillo y trabajador al vasallo!
Nuestros mayores y sus antecesores directos y más allá, no pagaban "el tributo que no se ve" por su libertad. No tenían medios, quizás tampoco en según qué regímenes podían juntarse más de cinco a conversar, pero, veían la savia de un árbol y sentían que éste lloraba. Nosotros vivimos inmersos en la burbuja del conocimiento y la tecnología, junto con nuestra forma de divertimiento y expansión, pero olvidando la razón de la franqueza, la verdadera locura que expresa el espíritu cuando en silencio, clama al cielo casi con desesperación, pretendiendo gritar pero sabiendo que el bullicio exterior es superior...
La mejor reflexión quizás no viene de comparar, pues somos franqueza tanto como amor. La cuestión no estriba en lo que somos, sino en dónde está lo que somos.

Emig

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viernes, 20 de junio de 2008

Madurar: la piedra filosofal del caminante


"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas. Dese siempre la razón a sí mismo y a su propio sentir, frente a todas esas discusiones, glosas o introducciones. Si luego resulta que no está en lo cierto, ya se encargará el natural desarrollo de su vida interna de llevarle paulatinamente y con el tiempo hacia otros criterios. Deje que sus juicios tengan quedamente y sin estorbo alguno su propio desenvolvimiento. Como todo progreso, éste ha de surgir desde dentro, desde lo más profundo, sin ser apremiado ni acelerado por nada. Todo está en llevar algo dentro hasta su conclusión, y luego darlo a luz; dejar que cualquier impresión, cualquier sentimiento en germen, madure por entero en sí mismo, en la oscuridad, en lo indecible, inconsciente e inaccesible al propio entendimiento: hasta quedar perfectamente acabado, esperando con paciencia y profunda humildad la hora del alumbramiento, en que nazca una nueva claridad. Este y no otro es el vivir del artista: lo mismo en el entender que en el crear".

Cartas a un joven poeta
Rainer María Rilke

(...)

Cada decisión importante que tomo, parece que debe pasar por un test. Pero ocurre que si es de preguntas lo respondo con más preguntas y las respuestas son afirmaciones nunca categóricas, pues quedan en el umbral de la sospecha, incertidumbre, inseguridad...
Me rebusco hasta la saciedad, como exprimiendo una naranja. Pretendo, necesito conocer el futuro y adelanto el reloj. Después me río de mí mismo. Delante del espejo, parezco un especulador, solo que no de mercado, sino propio.
Tengo un curriculum de experiencias que, sin ser monumentales, escribiría un libro con ellas. Pero aún así, sospecho que no me han hecho madurar, pues por aquí... me suena que ya he pasado. Parezco a veces la repetición de las "mejores jugadas" sólo que en mi caso, son las mismas cuestiones. Necesito salir de ese círculo que se traduce por el tiempo como vicioso, de mucho color, pero pocos acordes y el gráfico —esta vez no hago un test— parece una montaña rusa... entonces ¿qué hago?

Cada decisión importante que tomo no siento que me empuja a tomarla el tiempo que llevo con ella. Un buen día, me doy cuenta que veo las cosas distintas, que me siento diferente. Recuerdo este último tiempo de mi vida, que en vez de pensar consciente o inconscientemente en muchas cosas, he prestado atención a lo que estaba haciendo. Parece que esta actitud, ha despertado en su crisálido proceso, un benevolente vacío en mi interior, que no deja que mis pensamientos —que son muchos— enturbien la síntesis de mi corazón. Me recuerdo a mí mismo que no he contado el tiempo, esperando en silencio a que algo madure. Simplemente he dejado que todo suceda sin pensar y, de pronto, como el que encuentra que debe torcer a la derecha para seguir su camino, descubre el mismo, esta vez sin preguntar(me).
Adrede estoy escribiendo esta parte más clara. Porque veo la claridad que viene como respuesta desde lo sutil, y ella no aparece desde el maremágnum que llevamos puesto como traje habitual, sino desde el silencio, paciencia y la vivencia de lo que hay, con la reflexión de lo que somos, sentimos y queremos, que nos lleva más allá de nuestro círculo... solo que esta vez, no buscamos salir del círculo como un respiro hacia el alegre hálito del escape, sino que somos conscientes que este nuevo paso forma parte del camino. No necesariamente tiene que ver con él pues, los juicios son para los presuntos culpables y el camino, no creo que se conozca del todo, solo cada paso es familiar cuando es la conciencia quien lo impulsa.
Al pretender caminar ¿de qué somos culpables? ¿De equivocarnos? Nunca hay equivocación cuando surge el aprendizaje. Nunca hay dolor cuando nos sentimos seguros de hacer algo, si el impulso es íntimo...
Ya no quiero entender nada desde lo que pienso o piensan los demás. Quiero sentirme libre de mí mismo, no haciendo lo que me apetece, sino lo que corresponde. Creo que el sendero de la correspondencia, es como una misiva que uno se remite a sí mismo, pero desde sí mismo, no desde su propia especulación, controversia, necesidad (aparente) o el sinfín de silogismos que incapacitan la acción... desde el corazón.

Emig

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jueves, 19 de junio de 2008

Naturaleza. Un canto a ella.


"El que quiere nacer, tiene que romper un mundo"

Herman Hesse



Tan solo la Naturaleza vive inherente la realidad del paso del tiempo. No pone conjeturas en su manifestación o detrimento, vive sin camuflar sus formas, sin tamizar su esencia. El propio silencio de un árbol, el perfume de una flor llevan la belleza interminable e insonora de la creación. Solemnes parecen cuando se les ve estando sin quejido, bajo un radiante Sol o una esplendente noche estrellada, bajo una nube tormentosa o enmedio de un vendaval...
Armonía que evoca desde su continuo existir. Sapiencia y toda la paciencia del peculiar ritmo, sin vertederos que aniquilan el propio proceso. Sin lugar a dudas, la Naturaleza es el mayor de los ejemplos que irradian cordura sin holgura. Convivencia exenta de crítica. Metamorfosis acorde al natural ritmo sin apatía que duerma el curso.
Belleza por doquier, regalando con infinitas formas, colores y perfumes, la expresión trabajada que la creación en su natural talante de servicio, ofrece hasta para el gusano más diminuto. En ella no hay modernidad, selectividad, compromiso inconcluso, malestar, engaño, rutina o servidumbre; tampoco separatividad o divergencia alguna. La Naturaleza no busca el camino, ella está donde nace y crece y ahí entiende que el camino del árbol es el propio árbol, como lo será de esa hoja que se desprende por el viento, y vuela hasta caer sobre el terreno. Cada parte cumple su cometido, su natural quehacer. No necesita de trascendencias dogmáticas para curtir su conciencia...

—¡Un momento! La Naturaleza no tiene conciencia... —dijo alguien pensativo.
—¿Quieres decir que el ser humano sí? —pregunta una voz con ironía.

La Naturaleza tiene infinitos atributos que comparte sin dilaciones. Su simplemente ser hace compañía, su simplemente estar gratifica el espacio convirtiendo el vacío en belleza perenne.
Siempre refleja el mismo semblante aún delante de varios espejos. Ella no se viste ni decora, tampoco se demora porque su reloj, que no tiene hora, lleva la saeta que marca el siempre ahora.
Pulcra, elegante, jovial y brillante. Enamora a primera vista sin romper nunca el compromiso porque es lista...

—También es listo el ser humano, aunque sirve a sus propios intereses. También es bello el ser humano, aunque esconde cada vez más su innata belleza —reflexiona la voz.

La Naturaleza está viva, es su propia compañera, su propia fatiga, su consuelo, su alegría. Su camino está escrito en el ahora. No hay muerte ni suplicios, tan solo existir desde la vida para la vida. Ella no desaparece, tan solo cambia, rompe a veces su propio mundo, porque anuncia el próximo instante, esplendoroso retazo del tiempo cual trayecto evolutivo, gratifica las almas de todo ser viviente en el caminar hacia ese Sol Naciente.

Emig

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miércoles, 18 de junio de 2008

Preferencias: Desactivar opción por defecto

"Siembra un pensamiento y recoge una acción. Siembra una acción y recoge un hábito. Siembra un hábito y recoge un carácter. Siembra un carácter y cosecha un destino"

Sivananda



Una cita que me ha gustado desde el primer día que la leí porque creo que pocas cosas sintetizan y definen algo tan sencillamente complicado como el propio caminar. Personalmente me he sentido atraído por el pensamiento budista en lo referente a la llamada "ley del karma". Me gustó el sentido de que toda causa tenga su efecto.
¿Quién no ha vivido la sensación de querer hacer algo sin saber porqué y el tiempo le ha dado la respuesta? A veces la respuesta es positiva, cuando nos hemos esforzado aún sin saber para qué. Otras negativa cuando se nos presenta una ocasión y no estamos preparados. No obstante el laberinto como perspectiva suele aparecer a menudo, creo que por demasía de preguntas.
Si la cita inicial de un pensador hindú está en lo cierto, verdad será que el ser humano depende de sí mismo para su propia consecución, no únicamente de sus actos, entiendo que el pensamiento y hasta el dormir está incluido.
Aunque llevamos mucho bagage toda la humanidad, siempre estamos a tiempo de iniciar el cambio en nuestras vidas, partiendo del pensamiento; siendo voluntad para la acción y corazón para la intención; acción consciente en vez de hábito, porque no somos actores ¿verdad?
En una sala de cine, si la película no te gusta, simplemente te sales. En la vida ¿hay puerta de salida? o quizás ¿es necesario salir? ¿salir de qué? ¿de nuestra propia película?
Creo que en la medida que somos menos actores y más protagonistas, aún sin la capa roja que nos proteje, el coche fantástico del agente 007, o sin un casero como Michael Landon; arriba o abajo el telón, estaremos cerca de lo que somos en realidad, desactivando la opción por defecto que en unos son muletas, en otros seguridades, preguntas, miedos, razonamientos que aparentan convicción, incertidumbres, deseos... y, en ellos se nos va la vida.

Emig

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Camino libre. Camino impuesto

"Las cosas que vemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría"

Hermann Hesse



Las personas, la comunicación... ¡hermoso todo!
Alguien que he conocido hace apenas pocos "tics tacs", me ha recordado esta frase. Me encanta pensar y vivir la sensación de que todos, absolutamente todos, podemos aprender unos de otros. Creo como una certeza del corazón que aquello que vemos, lo llevamos en nosotros. Creo también en lo que no vemos, pero llevamos ingénito de alguna forma en nuestro interior y la magia de las personas, como la magia de la comunicación, hace que despierten las nuevas formas...
Si saber escuchar ya es aprender, más aún es entender aquello que oyes. Todo forma parte del camino, de este interesante camino que es vivir. Si la vida está para nosotros y nosotros estamos para ella, los problemas serán soluciones, las cuestiones serán respuestas, los pasos serán camino, las decisiones serán propias y fruto de la oportunidad, no del rebote... Creo que ese "elegir el camino de la mayoría" no es una elección propia, sino el susodicho rebote.

A veces pienso que las hadas, antes de serlo, imaginaron que podían llegar ahí...

Emig

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lunes, 16 de junio de 2008

Toc, toc. ¿Se puede ser uno mismo?


Silencio callado cuando no hablo pero es justo lo contrario que quiero. No es no saber qué decir, tampoco se trata del momento, soy yo, simplemente yo, quien de pronto vive esa abstracción acorde al silencio forzoso de una mente cansina porque no entiende.
No entiende cuando atisba miles de ojos cerrados viendo la televisión como viendo la vida. No entiende cuando recuerda mi mente la conversación del otro día entre dos personas: finaliza una de contar su problema y como respuesta, recibe el consuelo de escuchar uno mayor. Tampoco entiende cómo la gente va "donde va Vicente" sólo que, creo, cada vez hay más "Vicentes". Tantos como hazañas de valerosos guerreros que antaño, luchaban por conquistar algo que no era ningún ideal propio, sino de otro "Vicente" de esa larga lista.
En vez de salir de la "caverna de Platón" la hemos llenado de diversión, colorido, notas algunas mal llamadas musicales y un humo que no es estridente ni punzante, pero acaricia nuestro semblante con aire irracional aunque suene lo contrario, donde la apariencia se ocupa encubierta del contraste llamado cultura.
Hemos aprendido bien. Pero quizás no hemos aprendido lo que hay que aprender. Sabemos lo que significan muchas palabras pero no aplicamos su significado. No actuamos como redichos, pero si con la incoherencia del momento, cuyo sentido lleva el viento según va o viene.
En realidad ¿estamos? o mejor ¿dónde estamos?
Vivimos tiempos donde la mejor reflexión es la acción. Donde las teorías se venden, fabrican y caducan. Donde la práctica se convierte en rutina y el pensamiento vive más de lo que no hay, más de lo que no es...
Quien dice hablar de la verdad me recuerda a los juglares; quien no dice nada es que todavía se está enseñando y quien habla sin pretensión, sin afirmar categóricamente, queda relegado en los últimos puestos de esa vanguardia llamada novedad; éste, además, no se llama Vicente.
¿Remamos hacia donde queremos o nos dicen?
Conocemos la respuesta pero seguimos remando en esa alta montaña, ficticia, pero llena de decorados ambivalentes, donde el respirar casi cuesta dinero, donde descansar es llamado patrimonio (¿propio?) del banco, y soñar es locura de unos pocos que mantienen la vela de Lamparita encendida y ven de cerca su Peter Pan.

Caminando un buen día encontré un espejo. Grande, suficiente para verme entero. No era de ninguna tienda pues no reflejaba lo que puedo ser, sino lo que soy. Decidí entrar en él y descubrí que en cada recoveco habían más espejos, esta vez pequeños. Siempre me veía reflejado yo, hasta tropezar con el porqué de tanto espejo. Mi búsqueda terminó pues en ese nuevo camino, tenía siempre delante lo que no sabía ver estando afuera: yo mismo.

Emig

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Las manos del alfarero


Siddartha de Hermann Hesse:
"Las palabras no sirven para explicar un sentido secreto;
siempre lo modifican, lo falsifican, lo ridiculizan."


No sé a qué llamar sentido secreto. Supongo que por eso se llama así. Quizás, sentido secreto, son dos palabras que hemos notado a veces como sensación, como pensamiento en voz muy baja, como conciencia... Me refiero a eso que alguna vez hemos pensado que debemos callar. Intuimos que decirlo es echar a perder la magia. Que necesita de más tiempo para afianzarse en la superficie del presente, pues la sola impresión parece una huella que desaparece con los aires del pensamiento.
¿Somos muchas voces? Yo creo que si. En ocasiones incluso parecen revolotear casi al unísono, pretendiendo regentar el propio dominio. Quizás ellas, fruto de la mojigatería; porque no siempre somos humildes, cuando la humildad puede ser camino hacia el sentido secreto cuyo portal es hacia la propia esencia. Supongo que cuanto más cerca de esta entrada, menos voces que como fuegos fatuos distraen la atención y adormecen la conciencia. Mayor cercanía es también mayor coherencia. Veo la palabra, además de herramienta de comunicación, tan importante como el silencio. Éste lo entiendo igualmente un medio que expresa la certeza del corazón, pues sospecho que de ahí surge. La palabra, debiera ser como las manos del alfarero. Porque cada palabra, como cada pensamiento, actitud, mirada o gesto; da la forma a la expresión y ésta, no siempre requiere de la palabra, que suele ser el primer recurso para responder ante algo o alguien.
Liviano podemos hacer el camino, cuando la palabra también forma parte de la justa medida. Mágicos encuentros con uno mismo, cuando la propia expresión se acompaña de reflexión y sazón; sintiendo que hablar es también crear o destruir, tapar o tamizar el sentido secreto de la manifestación que no se acierta desde ninguna voz conocida, aunque quizás sí, muy cercana y querida.


Emig

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domingo, 15 de junio de 2008

Las pequeñas cosas



Quiero decirte que te quiero, te mando un sms y lo hago.
Ahora me apetece escribirte, lo hago porque me nace, porque gracias a vivir tu sensación, ya me acompañas cuando te escribo aunque no estés visiblemente cerca de mí.
Quizás estas y otras formas de misiva, se convierten en cartas sin respuesta. Quizás es así porque en realidad espero algo de tí y por querer algo así, no estoy cerca de lo que me das.
No me doy cuenta que quizás sí me entiendes. Sólo que ves lo que yo no atisbo a reconocer.
Las pequeñas cosas son así porque esperamos otras. Las hago pequeñas entonces...
Cuando no te miro, porque no te veo, porque no estás cerca pero te siento, eres una pequeña cosa en mí.
Cuando no me dices nada, no por ello has dejado de vivir. Estás con alguien, estás durmiendo, estás hablando, paseando; pero estás cerca de tí... ¿puedo pedir algo más?
A veces pienso que lo que menos se ve, es lo que siempre está. Ello forma parte de muchas y diminutas pequeñas cosas que no vemos, porque pasamos los ojos, las manos y los pies buscando; hay sólo que observar, sin pensar, viendo la cercanía como un buho, no la lejanía como un faro.
No pedir sea quizás lo mejor para ver lo pequeño. Vivir el dar siempre tiene respuesta, aunque no sea la esperada, porque dar es verse a uno mismo, conocerse, sentirse uno con la cercanía, la cercanía del buho, el espacio donde pregunta y respuesta se convierten en atención que nace y crece acompasada al tiempo...


Emig

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