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martes, 24 de junio de 2008

El ovillo de los pensamientos


Hoy ha amanecido un día gris. Qué nubes más densas y, por lo que veo, cargadas de agua. Encima tengo dolor de cabeza ¿será por el tiempo que hace? Pasan varios minutos y observo sin fijarme apenas que mi humor no cambia, es más: simplemente no aparece. Mi mente se llena de preguntas, de porqués. Que si no he dormido bien, que si ayer tuve un día muy duro y el de hoy... ¡ni te cuento!

El tópico del pie izquierdo hoy no lo contemplo. Hoy son las nubes y el viento. Y no me siento pesimista, tan solo me estoy convenciendo de que tengo razón. Hoy puede ser un mal día...
Ya ves, ayer guardé definitivamente toda la manga larga y hoy hace frío... ¡un frío de cojones! Vaya... ¿me estoy enfadando o me estoy enfadando?

Bueno, sólo han pasado diez minutos desde que me levanté, seguro que en una horita me olvido de todo y saco mi primera sonrisa...
Voy al baño y en vez de preguntarme dónde está la toalla, refunfuño conmigo mismo, criticando el desorden que soy. Encima, recuerdo que la tengo en la lavadora. ¡Buen lugar, si señor! Pero tengo más y, por no buscarlas, cojo directamente una que tengo cercana, ¡una toalla de playa! Sin demasiado convencimiento entro en el baño y, al abrir el grifo del agua caliente, agradezco que ésta sale pronto templada, sin tener que hacer malabarismos que me llevan desde Siberia al Gobi en pocos segundos. Más calmado, aunque sin sonreír, dejo de pensar, solo siento el agua caer con fuerza sobre mí y lo demás, la propia gravedad se encarga.

Me pregunto si los peces piensan. Me viene como que no. ¿Un pez pensar? Me lo pregunto porque debajo de la ducha, ese día observo que ¡no estoy pensando en nada! Me gusta esa sensación. Parece que el pensamiento, más que estimular, lo que hace es el ovillo más grande. ¡Pues menudo ovillo debo tener yo!, me digo a mí mismo y, todavía sin pensar, sale una sonrisa.
Sigo en la ducha. Nada me impulsa a querer salir. Es como estar y ser agua también. Todo porque no pienso, me dejo llevar sin más y sigo sintiéndome vivo, sólo que sin pensar. ¡La mente debería tener un interruptor! Vuelvo a sonreírme. Pero es que, me siento tan tranquilo...

Creo que la propia mente ha confabulado contra mí hace sólo unos instantes. ¿Por qué tanto rechazo a las nubes? Y encima, soy un as argumentando lo que me interesa... Ayer mismo, pensaba hablar con Don Jaime y decirle que, definitivamente, la tesis no la termino... ¡Ja! No me fío de mis pensamientos. Ahora mismo, aunque pienso, pero no veo las cosas igual.
¿Dónde estáis, pensamientos de ayer? No me responden. ¿Los pensamientos se esconden? Sospecho que los pensamientos no son de fiar...

Tengo los ojos muy abiertos. Ya no queda jabón en mi cuerpo, ni en el pelo... ¡ni en las orejas! ¡Perfecto!


Salgo de la ducha, esta vez me río por no buscar una toalla y tener, ahí mismo, el enorme tocho playero con el dibujo del castillo de naipes cayendo. ¡Naipes cayendo! Sí, así son los pensamientos. Cuando he reflexionado, han ido cayendo uno tras otro, quizás escondidos de nuevo en ese agujero negro que es la mente y, ¡vaya! me he sentido más yo...
Entonces, ¿de dónde vienen los pensamientos? ¿qué son?

Me estoy vistiendo. Me siento tranquilo, relajado, pero algo me dice que no ha sido la ducha, sino lo que he vivido en ella. Hoy no desayuno en casa, prefiero un bar, me tomo un café y directo al trabajo.
Estoy conduciendo, y todavía siento la brisa de reflexión que me ha acompañado en la ducha. Tendré que controlar mis pensamientos. En vez de pensarlos, voy a observarlos, creo que podré y así, decidiré cuáles se quedan.

Aparco frente a una gran fachada, que todavía no está pintada y alguien ha aprovechado para colgar su cartel publicitario. ¡Qué poco le queda a este cartel!, pienso. A la vez, me fijo en su contenido. De nuevo veo un ovillo, esta vez no está en mi pensamiento, sino fuera.
De nuevo la reflexión activa mi mente y deja hablar a mi corazón. Algo me dice que no soy el ovillo, que yo soy yo, que siempre puedo hacer lo que me proponga, que soy libre de pensar y de actuar. Que las palabras se las lleva el viento porque tal viento son los pensamientos, pero, si elegimos bien, no somos ningún ovillo...

Emig

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8 comentarios:

María dijo...

A mí me parece este diálogo interno que tienes contigo mismo, algo fabuloso, es un teje y maneje de pensamientos, de sensaciones, de un ir y venir de ese sentir de tus vivencias en una amanecida mañana.

Esta reflexión que tienes contigo mismo, es una situación que casi todas las personas sentimos, cuando nos levantamos por la mañana sin haber descansado bien por la noche, y te encuentras en el nuevo día en que la cabeza ha amanecido con nubarrones y que, por lo tanto, no deseas, después seguir pensando, sino dejarte llevar por el agua de la ducha para que te refresque, te limpie, te purifique y te traslade a un mundo fresco de sensaciones tonificantes y placenteras, tanto física como mentalmente.

De verdad, me ha encantado este diálogo interno que tienes contigo mismo, es algo que me ha hecho reflexionar a mí también.

Pero mi mente siempre está en constante movimiento, no puede estar quieta, no puede estar relajada sin pensar en nada, necesita estar viva, porque la mente es totalmente nuestra entera personalidad, y el día que mi mente deje de pensar, ese día dejará de estar viva.

Besos vivos.

Silvia dijo...

Tantas veces me pasa lo que escribiste en este post . Pero me pasa mas los dias tormentosos , que los dias de sol . El clima influye mucho en nuestros estados de animo y el mismo en lo que pasa por nuestra mente .Voy a seguir visitando este sitio porque me gusta lo que lei . Si en algun momento tenes tiempo date una vueltita por mi blog , y si te parece , me gustaria enlazarte desde alli en "mis listas de blog " asi cuando actualices tu blog vengo directamente por aqui . Saludos desde Uruguay .

Anónimo dijo...

Una manera de ver los pensamientos como algo ajeno mas que propio. entonces ¿todo lo que pensamos no es lo que somos? lo que somos lo vemos por la reflexion, eso he entendido con el ejemplo de los naipes.
saluosd

Emig dijo...

Hola María!
Aunque no sea algo específico, describir así algunas cosas sirve muy bien para decir aquello que, por lo menos a mí, de otra manera no sabría cómo explicar. El tema de los pensamientos es una de mis reflexiones, cuando creo que nos definen e impulsan tanto que observarlos va bien para discernir lo que pensamos de lo que realmente somos, que a veces, me da en la nariz que no es lo mismo.
Me gusta tu definición de diálogo interno. Creo que muchas veces lo llevo en mi subconsciente por cosas que observo en mí y en los demás y me genera contenido que tras reflexionar, aparece algo escrito. Nombras a la mente. A mi me da hasta miedo a veces, sobre todo cuando pienso en lo esponjas que somos, y muchas veces es más absorver y llenar ese habitáculo que, lleno de sitio, serviría para entendernos más allá del propio pensamiento.

Besos

Emig dijo...

Pasaré por tu blog, Silvia. Muy agradecido por tu propuesta y adelante con ese enlace. Nos leemos en poco tiempo.
Un abrazo desde España!

Emig dijo...

No suelo responder a los anónimos pero te diré que me ha gustado lo que dices, pues creo entenderlo y así es más o menos como veo este tema.
Saludos

Anónimo dijo...

Hola Emig.

Casi me da verguenza que vengas a mi blog.
Tienes un ricón precioso, muy profundo...Da gusto leerte. Lo llevo haciendo varios días, pero nunca me he atrevido a dejar un comentario. Espero no te importe que te siga visitando, yo soy más de leer que de escribir y aquí la lectura es placentera.
Un beso, Pepa.

Emig dijo...

Pepi!!!!!!!!!

Por favor, nada de eso...

¡Qué alegría me has dado!!! Estás en TU casa. Lo sabes ¿verdad? Yo creo que entiendes muy bien que la forma y el fondo son dos cosas distintas y lo que perdura y es, justamente es lo que no se ve a simple vista.
Tú y más personas que conoces formáis parte de eso tal hermoso...
Repito, estás en tu casa y me has dado una soberana alegría.
Me alegra saberte por aquí, aún en silencio. Gracias!
Un beso.