
Miguel Strogoff, el correo del zar. Una película que acabo de ver y disfrutar. Un clásico que sólo mi memoria adolescente recuerda, junto con sensaciones de vivir algunas escenas que acercan al llamado cumplimiento del deber, el honor, la amistad y el amor.
"Hay viajes que conducen más a un destino que a una meta".
Esta frase la nombra el capitán Strogoff en un momento de la película. Gracias al botón de pausa he tomado nota y me gustaría compartirla con todas y todos.
El viaje de la vida tiene un cometido. Doy por hecho que la finalidad es aprender, seguir aprendiendo todo aquello que nos corresponde y, para ello, se presentan multitud de circunstancias, situaciones, problemas y personas. La diferencia que veo entre meta y destino es que aquello que debemos hacer en cada momento forma parte de ese destino, de la razón que desde nuestro interior, nos impulsa y da sentido al caminar. Las metas son pequeñas paradas que nos dan satisfacción y el empuje para continuar en la brecha, ellas nos indican el cumplimiento de lo prioritario. Importantes son las metas porque si nos equivocamos en su elección, el viaje puede no conducir a ningún lugar.
El viajero tiene la maleta de la persistencia llamada voluntad; la del deseo, que mueve los primeros pasos e incita a ver más allá de la propia visión; la maravillosa mente, pues con ella el caminante entiende todo aquello que se mueve y tiene su ser, dando forma al mundo del pensamiento, la palabra y las infinitas ideas que acuden y se traducen en impulsos. Conocemos en el camino la amistad, cada persona nos demuestra una tonalidad y aprendemos lo grande que es. Podemos en cualquier recodo del camino encontrar el amor, una condición que nos hace volar y unifica la expresión, pues voluntad y deseo hacen la misma función, porque desde ahí, rige el corazón.
Quizás cada cual llevamos un correo. Llevamos ingénito el íntimo mensaje de lo que somos y durante el viaje lo descubrimos, al mismo tiempo que, gracias a la comunicación, alentamos a otros para que hagan lo mismo. Posiblemente la unión de muchos correos, nos demuestre algún día el sentido del caminar, eso que llaman felicidad, que aparece cuando la cercanía se convierte en unidad.
Emig
Blogalaxia Tags: Lectura+pensamiento+filosofía
Etiquetas: educación, reflexiones, filosofía, pensamiento, comunicación, amistad, utopía, ética"Hay viajes que conducen más a un destino que a una meta".
Esta frase la nombra el capitán Strogoff en un momento de la película. Gracias al botón de pausa he tomado nota y me gustaría compartirla con todas y todos.
El viaje de la vida tiene un cometido. Doy por hecho que la finalidad es aprender, seguir aprendiendo todo aquello que nos corresponde y, para ello, se presentan multitud de circunstancias, situaciones, problemas y personas. La diferencia que veo entre meta y destino es que aquello que debemos hacer en cada momento forma parte de ese destino, de la razón que desde nuestro interior, nos impulsa y da sentido al caminar. Las metas son pequeñas paradas que nos dan satisfacción y el empuje para continuar en la brecha, ellas nos indican el cumplimiento de lo prioritario. Importantes son las metas porque si nos equivocamos en su elección, el viaje puede no conducir a ningún lugar.
El viajero tiene la maleta de la persistencia llamada voluntad; la del deseo, que mueve los primeros pasos e incita a ver más allá de la propia visión; la maravillosa mente, pues con ella el caminante entiende todo aquello que se mueve y tiene su ser, dando forma al mundo del pensamiento, la palabra y las infinitas ideas que acuden y se traducen en impulsos. Conocemos en el camino la amistad, cada persona nos demuestra una tonalidad y aprendemos lo grande que es. Podemos en cualquier recodo del camino encontrar el amor, una condición que nos hace volar y unifica la expresión, pues voluntad y deseo hacen la misma función, porque desde ahí, rige el corazón.
Quizás cada cual llevamos un correo. Llevamos ingénito el íntimo mensaje de lo que somos y durante el viaje lo descubrimos, al mismo tiempo que, gracias a la comunicación, alentamos a otros para que hagan lo mismo. Posiblemente la unión de muchos correos, nos demuestre algún día el sentido del caminar, eso que llaman felicidad, que aparece cuando la cercanía se convierte en unidad.
Emig
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