
"Por lo tanto, ¿puedo mirar [la codicia] sin la palabra, sin la asociación de las palabras? Eso no requiere disciplina o práctica, no necesita un guía. Simplemente esto: ¿puedo observarla sin la palabra? ¿Puedo mirar ese árbol, a la mujer, al hombre, al cielo, al firmamento, sin la palabra y descubrirlo? Pero si viene alguien y me dice: «Le mostraré cómo se hace», entonces estoy perdido. Y el «cómo se hace» es todo el negocio de los libros sagrados. Lo siento. De todos los gurús, los obispos, los papas, de todo eso".
Diálogos con Krishnamurti
¿Pulir los instantes o dejar que se sucedan?
¿Vivir el momento con pesadez o como viento?
Dejamos que las palabras suelten un lastre psicológico, las cargamos de emoción, despecho; olvidamos la verdadera matriz donde mora la causa y la razón desde donde vivir con ilusión: alma.
¿Dónde se perdió la sagrada sincronía? ¿Hubo algún tiempo donde latir y vivir eran unísono existir? Quizás lo hubo antes del desmadre de la palabra, cuando ella era sólo mirada y musicalidad callada...
No es escribir lo que quiero. Prefiero callar y dejar de mirar el inmenso flujo y reflujo de información, donde la sensación de uno mismo parece no existir; aunque sigo pensando que es la verdaderamente inocua.
Hoy soy retazos que pretenden transparencia y no me ha pasado nada especial, sigo siendo el mismo que todos ven cuando me miran. Pero tengo una duda que parece demencial: ¿en qué creemos?
Por supuesto no hablo de creencias dogmáticas, pero sigo discrepando del valor de la palabra usada para definir, en vez de para vivir. Yo creo en la existencia del propio idilio. El que no traduce ni moldea, el que quiere guapa o fea a la vida y la ve desde lo natural que enseña la Naturaleza y no cualquier nueva proeza, de esas que llevan etiqueta de precio y te hacen sentir necio al pagar.
En algo habrá que creer. Creer que podemos crear ya es un comienzo.
Instantes vacíos esperan. Unos vienen, otros suenan o decoran lo que la mente no llega atisbar, porque ella es sólo preguntar y razonar, etiquetar y buscar un nombre para el todo diseccionado.
Creamos en la medida en que creemos dejando atrás el temor. Olvidando cualquier recuerdo incluso el antes. Veo el creer como inicio de algo nuevo sin estar sujeto salvo a las leyes del universo... ¿Las conocemos? Yo no; pero me temo que no son las nuestras, cuales rondan como vicisitud del péndulo que depende de la dependencia, de lo artificial que la palabra nos convence cuando lo racional es sinónimo de nuestro ser y estar.
Creer es imaginar el día nuevo de verdad. Postrar la actitud en esa esencia sin mente, y sin divagar viajar por el adentro de la conciencia. Sin hablar de ella, sin hablar de nada. Dejar las páginas llenas y escoger una en blanco, pero no para escribir, sino para leer como nunca hemos probado... ¿dónde está el nuevo guión? Seguramente muy cerca...
Emig
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