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martes, 19 de febrero de 2013

Realidades: enseres de Utopía

—Te amaré, porque así nunca te olvidaré, —resolvió desde su corazón.

 Los días se iban sucediendo, pero desde la primera conversación con la estrella resultó que la magia permitía casi siempre que tres veces al día conversaran. Por la mañana, al inicio de cada tarde y por las noches.
El intrépido buscador de sí mismo, quien se había atrevido hace años a dejar de mirar afuera lo que consideraba real y permitir que fuera su corazón quien observaba, incluso decidía sobre sus pasos, vivía casi trepidante lo que apenas podía definir salvo con la palabra que encontraba cada nuevo día: enseres. Como piezas de un puzzle indefinido que iban dejando huellas en su ser, encontrándose delante del mismo espejo una y otra vez, dándose cuenta de que las huellas también las creaba la estrella, y su participación hacía que semillas de su interior nacieran sintiéndose libres. 
De intrépido buscador pasó a sentirse caminante. Encontraba un sendero multicolor pero sin contrastes. Los diversos colores se fundían destacando brillos que le sorprendían, e imaginaba estos como parte del firmamento que iba despertando en él.
Pensó en una película pero no por el tema sino por el título: "Senderos de gloria". Era como intuir que en su camino a partir de ahora iba a ser el protagonista de su propia gloria en lo que estaba viviendo. 
—Vivir y sentir al mismo tiempo; mmmmmmmmmm. Me gusta!
Observaba atentamente el privilegio de su circunstancia: su amada estrella. Encontró en su memoria que su corazón rezaba desde muchos lustros atrás y decía "si amas algo déjalo libre, si viene a ti es tuyo, sino es que nunca lo fue."
Una máxima que le impelía a saber amar y permanecer. Saber preguntar y también saber callar... Pero este buscador, ahora también caminante, recordaba otras frases importantes que tenía escritas en su libro interior. Simples palabras que explicaban sencillamente cómo ser caminante cuando encuentras el camino que quieres andar. Otra vez abrió su invisible libro, el que sólo compartía con la estrella y consigo mismo, y leyó:

"Siembra un pensamiento, cosecha una acción.
Siembra una acción y cosecha un hábito.
Siembra un hábito y cosecha un carácter.
Siembra un carácter y cosecha un destino."

A los ojos de su corazón he ahí donde veía la fuerza de su convicción hacia su estrella. Y le gustaba porque, en definitiva hablaba de sembrar, algo que ya sabía hacer en su vida cotidiana. Sólo que ahora la siembra era tan especial como su rutilante estrella. 
Ella a veces no parecía creer que él iba hacia el firmamento...
Él se lo decía cada día y la dejaba entrar cada noche donde vivía: un primer piso que de noche tenía las persianas levantadas para que entrara la luz de su lucero...
Miraba el cielo, confirmaba su movimiento, disfrutaba de tamaña presencia... a la vez se percataba de que las decisiones grandes se forjan en ese inmenso espacio que llamamos universo, uno pequeño somos todos. Uno no puede preguntarse con la mente cosas que en realidad la mente no puede responder... ni siquiera el corazón que parece abarcarlo todo es suficiente. Pero en la Tierra hay muchas cosas que pueden hacerse hacia la utopía. Incluso la más hermosa ideación puede crearse en este planeta, donde aparentemente lo más bello, lo más profundo ha quedado en desuso, pero hay quien dice que cuando hay luz, donde hay luz hay verdad...
Pero el caminante no disfrutaba simplemente del pequeño todo reconocido. Seguía viviendo el impulso interior que él conoce desde hace tiempo y le indica que el aprendizaje es la esencia del camino. También la responsabilidad. Acercarse al firmamento no es cualquier cosa. A veces hay que ir en direcciones que no parecen evidentes pero el sabio corazón entiende de ellas. Para que el universo como un microcosmos se manifieste hay que trabajar duro desde uno mismo y con uno mismo. El ser humano puede crear lo que se proponga, pero debe mirar todas las vertientes internas, muchas escondidas tras velos que debe saber rasgar para descubrir que la magia no es un regalo de los dioses sino una responsabilidad que no se mide con la mente y sí con la conciencia.
Él conoce la personalidad y sabe que ésta varía constantemente. Lo que hoy parece ser, mañana puede parecer una sombra del pasado. Muchos seres humanos no aceptan el riesgo de creer en ellos mismos porque no se han identificado con lo que son: "lo esencial es invisible a los ojos." 

Cerró los ojos una perfecta noche, levantó la mirada y se dejó llevar por el canto de su estrella:
"Te pienso y me descubro ante ti. 
Te siento y me derrito ante ti. 
Te amo y me deshago en suspiro. 
Te quiero y sólo así serás mío,
te sueño, pues despierta, eres mi sueño. 

Te espero pues el camino es eterno,
de la mano y sin complejos, eres mi rey y mi anhelo,
mi latir, mi sufrimiento, eres mi vida en un verso.

Tú mi caminante, mi más fiel amor secreto". 
Emig 

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2 comentarios:

Pedro dijo...

Hace poco leí: Cuando andamos un paso, la Utopía se aleja un paso. Cuando andamos dos pasos, la Utopía se aleja dos pasos. Entonces... ¿para qué sirve la Utopía?: para caminar.
Me gustó y por eso lo comparto. Esta noche también me quedaré mirando al Cielo.

Vicente Signes dijo...

Nos pasamos la vida haciendo cosas que no nos gustan, para conseguir dinero que desaprovechamos, gastándolo en cosas que no necesitamos, para impresionar a gente que detestamos.