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lunes, 24 de noviembre de 2014

Me pregunto sobre la mente humana

Comienzo con una frase que no es mía: 
"La solución es que el cerebro no hace diferencias entre lo que ve y lo que imagina porque las mismas redes neuronales están implicadas; para el cerebro, es tan real lo que ve como lo que siente", afirma el bioquímico y doctor en medicina quiropráctica, Joe Dispenza en el libro "¿y tú qué sabes?"

¿A qué llamamos Naturaleza? ¿Por qué estamos cada vez más separados de ella? ¿Qué nos separa de la Naturaleza? Se nos habla en determinados círculos sobre la potencia de la mente y del pensamiento. El ser humano sigue siendo un completo desconocido para sí mismo. Me pregunto ¿quizás porque se ha alejado de la Madre Naturaleza? 
Observo que la Naturaleza no produce crisis, no genera desasosiegos aunque responda a nuestras formas de vida cada vez menos respetuosas con el Planeta... Es el ser humano, es la educación que hemos asentado en las distintas sociedades que nosotros hemos creado, es la cárcel del sistema que llamamos sociedad, es el separatismo que nace y crece en las mentes lo que influye con notoriedad en la decadencia que estamos viviendo. Porque detrás de las políticas, las situaciones particulares, familiares y del orden que sea, siempre hay un ser humano que las está moviendo. Entonces, ¿cómo estamos programando nuestras neuronas? Supongo que cada vez más a lo "smartphone" pero sin antivirus...
Todo el potencial de creatividad, de comunicación, de compartir se está esfumando gracias a las tecnologías que, siguiendo las pautas del sistema de consumismo desaformado inundan las ciudades de Planeta y revuelven las esencias y sensibilidades en unas formas de vida programadas para creer en lo que estamos creando... Y mientras la Madre Naturaleza sigue su curso natural, evolucionando y adaptándose a nuestras idiosincrasias formuladas desde mentes enfermizas que no reconocen que lo son, o bien están tan contaminadas que no les importa el mal generado, y lo bien que están haciendo el trabajo de convertir la conciencia individual en una masa borreguil agobiada y comprimida por unas leyes secundadas por una mano negra que nunca será visible, ni siquiera cuando sea demasiado tarde.


¿Hace mucho que no te paras, lector de estas líneas, a observar una sencilla hoja de cualquier árbol, y te permites dejar llevar desde la imaginación y la sensibilidad más silenciosa de que eso que estás mirando, puedes sentirlo y percibir que hay vida, y significado de vida?
¿Hace mucho que no te preguntas si puedes imaginar algo que sea tan impersonal, que nada tiene que ver contigo, pero sientes que lo evoca tu corazón? ¿Cuánto tiempo podrías estar con el móvil apagado y en silencio hasta escuchar algo nuevo de verdad?
¿Acaso el interior ha dejado de existir porque no es un gadget de iOS o Android?

Me pregunto... gracias.

Emig



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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Metáfora Alejandrina




Un antiguo papiro encontró y sin temor leyó. Lo curioso ya pasó, lo interesante volvió. Apareció rezumbando una destelleante luz semejante a una aurora perfumada; sintió deseos de acariciar el perfume del primer pergamino, sabiendo que el perfume es la excusa para rozar el viento que lo infunde. Saluda al tiempo y acompasa una sonrisa de agradecimiento. Afuera son sólo versos tenues de alegría, parecido esto al comienzo de una obra clásica musical que en breve reverberará toda la sala y aparecerá la fuerza de una costumbre olvidada quizás: amistad al primer contacto.
Unas letras que no debería entender porque forman parte de un lenguaje olvidado; mas los ojos leen, la mente se enciende y el corazón entona su propio susurro. Enardecidos estímulos de lectura acompasan la nueva brisa que se palpa por doquier: de nuevo vive la sensación de que todos en el planeta somos hermanos, viviendo el privilegio de sentir tamaña oportunidad de sonreír al sentir que vislumbra el papiro, pero conoce el sentido de sus palabras cuando se adentra y encuentra que hay más y más: una verdadera biblioteca de placeres humanos y divinos.
Lo sutil se torna dulzura y la dulzura agradecimiento. —Me gusta este nuevo movimiento, —se dice. Sorprendido se recuesta así mismo, se mueve una y otra vez como queriendo confirmar que no es otro sueño. Está dentro de la sublime expresión del conocimiento que sólo llevan algunos seres en la mirada. Un bastión que pocos se atreven a mirar de frente donde la pureza de lo eterno es símbolo de utopía. Habitaciones que forman una sola forma de expresión, estanterías que adormecen a quienes las hollan por curiosidad, pero despiertan a quienes sin ser Quijotes de nada nunca han dejado de observar y apreciar lo silente. Así encuentra el visitante de Alejandría lo que ha sido, es y será la sempiterna belleza hablada por sí misma, que entiende de la proyección porque habita en el horizonte.
Un canto a la hermosura, al ser y estar, a la libertad de expresión que habita en los corazones amorosos que saben que dar es recibir; que no existe regalar cuando el tiempo aparece fugaz; no siempre, no todos pueden entrar en un cosmos donde lo desconocido es amigo, donde lo conocido es compañía, donde ninguna distancia adormece el sueño que mece a los soñadores, imaginarios voladores que aprenden vuelos sinuosos, alturas de transparencia, destellos de comunicación que apuntan en humildes laureles guarnecidos bajo la bóveda de su biblioteca estelar.
El proyecto cósmico continua.

Emig, dedicando palabras de agradecimiento a Alejandría



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viernes, 22 de noviembre de 2013

Sobre la felicidad

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“Cuando eres feliz, no puedes hacer daño a nadie ni a ti mismo”



Para mí, la felicidad consiste en tener un plan de vida lo más parecido a la verdad que nos evoca la Madre Naturaleza. Pero descubrir la felicidad para vivirla nos invita a cambiar el paso en toda la programación que habita en nuestra mente y se manifiesta en los pensamientos y hábitos adquiridos de los que apenas somos conscientes.

Felicidad, amabilidad, creatividad, cordialidad, alegría son palabras clave que vividas desde la continuidad nos conducen al cambio que muchas veces necesitamos pero no sabemos encontrar. La paradoja se encuentra a la vuelta de la esquina, cuando de alguna forma sentimos que dando la vuelta a la tortilla se encuentra el sendero que necesitamos hollar.

Sencillos hechos y decisiones nos separan de la felicidad como por ejemplo cuando decidimos dejar algo previsto para más adelante, también cuando realizamos cualquier cosa y no la hacemos con toda nuestra voluntad y atención.

No deberíamos dudar de que somos nosotros quienes hacemos del camino un sendero de piedras punzantes o una llanura agradable al pisar. El potencial que tenemos es enorme cuando nuestro proyecto de vida se fundamenta en el altruismo, yo lo defino como ser luz y canalizarla. No podemos ser ejecutivos sin alma de una empresa, y pretender cuando salimos de ella cambiar nuestra actitud. ¿No es el amor el sustento del Universo?, ¿acaso toda la sociedad que hemos creado se sustenta en el amor?, si nos sentimos inmersos en la sociedad y creemos en el compromiso que tenemos hacia la vida, deberemos ser amor, sólo así la sociedad cambiará. Por el contrario, nos solemos dejar llevar por la suciedad que, por falta de atención y sensibilidad somos también y creamos; nos hacemos las víctimas y nuestra solución hacia los problemas se basa muchas veces en buscar culpables: sin embargo todos tenemos parte de culpa.

Hablamos de felicidad y, curiosamente no es algo que se palpe con la mirada o las manos. Tampoco vemos las aguas subterráneas pero sabemos que están. ¿Nos damos cuenta de que la inmensa mayoría de cosas no las vemos?, pero quizás en muchas ocasiones funcionamos como si lo conociéramos todo; y a veces decidimos hacer un curso sobre cualquier tema que se vende para conocernos mejor, y yo caigo en la cuenta de que no conozco ningún árbol que haya hecho un curso para serlo.

Emig, 21-11-13


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martes, 19 de febrero de 2013

Realidades: enseres de Utopía

—Te amaré, porque así nunca te olvidaré, —resolvió desde su corazón.

 Los días se iban sucediendo, pero desde la primera conversación con la estrella resultó que la magia permitía casi siempre que tres veces al día conversaran. Por la mañana, al inicio de cada tarde y por las noches.
El intrépido buscador de sí mismo, quien se había atrevido hace años a dejar de mirar afuera lo que consideraba real y permitir que fuera su corazón quien observaba, incluso decidía sobre sus pasos, vivía casi trepidante lo que apenas podía definir salvo con la palabra que encontraba cada nuevo día: enseres. Como piezas de un puzzle indefinido que iban dejando huellas en su ser, encontrándose delante del mismo espejo una y otra vez, dándose cuenta de que las huellas también las creaba la estrella, y su participación hacía que semillas de su interior nacieran sintiéndose libres. 
De intrépido buscador pasó a sentirse caminante. Encontraba un sendero multicolor pero sin contrastes. Los diversos colores se fundían destacando brillos que le sorprendían, e imaginaba estos como parte del firmamento que iba despertando en él.
Pensó en una película pero no por el tema sino por el título: "Senderos de gloria". Era como intuir que en su camino a partir de ahora iba a ser el protagonista de su propia gloria en lo que estaba viviendo. 
—Vivir y sentir al mismo tiempo; mmmmmmmmmm. Me gusta!
Observaba atentamente el privilegio de su circunstancia: su amada estrella. Encontró en su memoria que su corazón rezaba desde muchos lustros atrás y decía "si amas algo déjalo libre, si viene a ti es tuyo, sino es que nunca lo fue."
Una máxima que le impelía a saber amar y permanecer. Saber preguntar y también saber callar... Pero este buscador, ahora también caminante, recordaba otras frases importantes que tenía escritas en su libro interior. Simples palabras que explicaban sencillamente cómo ser caminante cuando encuentras el camino que quieres andar. Otra vez abrió su invisible libro, el que sólo compartía con la estrella y consigo mismo, y leyó:

"Siembra un pensamiento, cosecha una acción.
Siembra una acción y cosecha un hábito.
Siembra un hábito y cosecha un carácter.
Siembra un carácter y cosecha un destino."

A los ojos de su corazón he ahí donde veía la fuerza de su convicción hacia su estrella. Y le gustaba porque, en definitiva hablaba de sembrar, algo que ya sabía hacer en su vida cotidiana. Sólo que ahora la siembra era tan especial como su rutilante estrella. 
Ella a veces no parecía creer que él iba hacia el firmamento...
Él se lo decía cada día y la dejaba entrar cada noche donde vivía: un primer piso que de noche tenía las persianas levantadas para que entrara la luz de su lucero...
Miraba el cielo, confirmaba su movimiento, disfrutaba de tamaña presencia... a la vez se percataba de que las decisiones grandes se forjan en ese inmenso espacio que llamamos universo, uno pequeño somos todos. Uno no puede preguntarse con la mente cosas que en realidad la mente no puede responder... ni siquiera el corazón que parece abarcarlo todo es suficiente. Pero en la Tierra hay muchas cosas que pueden hacerse hacia la utopía. Incluso la más hermosa ideación puede crearse en este planeta, donde aparentemente lo más bello, lo más profundo ha quedado en desuso, pero hay quien dice que cuando hay luz, donde hay luz hay verdad...
Pero el caminante no disfrutaba simplemente del pequeño todo reconocido. Seguía viviendo el impulso interior que él conoce desde hace tiempo y le indica que el aprendizaje es la esencia del camino. También la responsabilidad. Acercarse al firmamento no es cualquier cosa. A veces hay que ir en direcciones que no parecen evidentes pero el sabio corazón entiende de ellas. Para que el universo como un microcosmos se manifieste hay que trabajar duro desde uno mismo y con uno mismo. El ser humano puede crear lo que se proponga, pero debe mirar todas las vertientes internas, muchas escondidas tras velos que debe saber rasgar para descubrir que la magia no es un regalo de los dioses sino una responsabilidad que no se mide con la mente y sí con la conciencia.
Él conoce la personalidad y sabe que ésta varía constantemente. Lo que hoy parece ser, mañana puede parecer una sombra del pasado. Muchos seres humanos no aceptan el riesgo de creer en ellos mismos porque no se han identificado con lo que son: "lo esencial es invisible a los ojos." 

Cerró los ojos una perfecta noche, levantó la mirada y se dejó llevar por el canto de su estrella:
"Te pienso y me descubro ante ti. 
Te siento y me derrito ante ti. 
Te amo y me deshago en suspiro. 
Te quiero y sólo así serás mío,
te sueño, pues despierta, eres mi sueño. 

Te espero pues el camino es eterno,
de la mano y sin complejos, eres mi rey y mi anhelo,
mi latir, mi sufrimiento, eres mi vida en un verso.

Tú mi caminante, mi más fiel amor secreto". 
Emig 

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