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domingo, 26 de julio de 2009

Horizonte: cercano presente



Solo cuando pasa el tiempo y miramos atrás, observamos desde esta conciencia presente lo que no podíamos ver en ese pasado porque estábamos ciegos. Entonces, piensas que mejor es en cada presente mirar hacia adelante y ser uno con el horizonte, pues así, haces lo que eres al tiempo que imaginas lo que serás...

El instante se torna mágico visto así, y los sentidos aquietados dejan salir el susurro silente del alma, cual hálito es punto de luz en el camino, que imprime una perspectiva sin lastre, y el esfuerzo altruista se ve recompensado con la sonrisa que nadie ve; este nuevo semblante parece salido de los últimos destellos de la escuela pitagórica de Alejandría y de Atenas, tras el sabor de los Versos Áureos de Pitágoras, leídos por Hierocles...

Habrá que mirar para ver ¿verdad? Y qué mejor espacio que el horizonte, siempre interminable confín, quizás alegoría de la eterna presencia que también somos. Dijo Buda que: "Larga es la noche para el que yace despierto; larga es la milla para el que va cansado; larga es la vida para el necio que no conoce la verdadera ley..."

Pero para llegar a lo alto de la colina y seguir subiendo, hay que andar sin nada que pese; con lo cual, deberemos aprender a caminar, observar, vivir... sin recoger de nada ni nadie salvo lo necesario; sin dejarse inbuir por los sentidos que regenta la mente, y sí por las olas que mueven el corazón. Éste late cerca del alma; conoce los ritmos del propio sentido y abraza lo que nuestros ojos no saben reconocer. Mas para esto hace falta silencio...

...Y surgen retazos de verdadera sinfonía al cerrar los ojos, dejando de ver lo visible para adentrarse en el profundo misterio de lo invisible. El acercamiento hacia uno mismo es el más sublime sendero de la verdad. Pero tanta responsabilidad asumimos al coger como al dejar; y tanto temor a lo desconocido del horizonte, llamado perdido cuando así también estamos.

Es fuerza pagana el querer cambiar, cuando sin quererlo podemos hacerlo, siempre y cuando aceptemos el reto de lo que somos: parte de la Naturaleza. Siendo uno con ella, desaparece el aprendiz de brujo y surge el Hada, y nos descubre lo cercano del horizonte, cual presente de un día cualquiera.

También dijo Buda: "Pocos son entre los hombres los que llegan a la otra orilla; la mayor parte corre de arriba a abajo en estas playas".

Feliz verano :)

Emig

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viernes, 5 de junio de 2009

El propio misterio

"Si te haces grandes preguntas crearás nuevas formas de estar en el mundo. Entrará un soplo de aire fresco. Tu vida será más alegre. El verdadero secreto en la vida no es alcanzar el conocimiento, sino adentrarse en el misterio".

Fred Alan Wolf



Tan solo ocurre a veces, el que alguien nos pregunta algo que no sabemos, y la respuesta que surge, es motivo de aprender desde lo que somos y llevamos dentro.

Tan solo a veces, una sonrisa, una voz, una mirada... o simplemente la imaginación de pensar en alguien que terminas de hablar por teléfono y nunca has visto, te deja la sensación de alegría abierta al cosmos infinito, de la rueda que se mueve con lentitud inapreciable, cuyo ritmo enciende la intuición de la vida que existe más allá de las apariencias.

Tan solo a veces, nuestra expresión taciturna se torna destello, y abrazamos con el mayor de los silencios, el secreto de la magia de un instante que se adentra al mundo de las fantasías, en donde todo lo que soñamos, es más real que lo percibido con los sentidos. Así, quizás estamos descubriendo un trocito de alma...

Tan solo a veces se tercia la "buena suerte" que no es más que sentirnos naturales.

Tan solo a veces, apreciamos querer cambiar desde la butaca del cine una película, sin tener conciencia de que simplemente es una película... y al darnos cuenta de esto, volvemos a la realidad y seguimos aspirando hollar el umbral del propio misterio.

Tan solo a veces, cuando nada preguntamos y nada necesitamos saber, aparece un sendero, subido en una escoba, cual apariencia de bruja nos asusta y devuelve al mundanal gentío de los sentidos. Si devolvemos la mirada a la silenciosa brisa que mueve la veleta, descubrimos un nuevo sentido, porque la nueva brisa no es invento humano, sino divino...

¿Y el amor? Tan solo a veces, lo sentimos cuando salimos al brío de la Naturaleza y nos dejamos llevar por lo que Es; cual filósofo asienta su mente, aquieta su emoción, y se alienta desde su alma, cuyo destino, acompañado de la brisa que mueve la veleta, descubre en lo cotidiano los sabores infinitos de la verdadera sonrisa, verdadero beso, auténtico abrazo y la savia del imperecedero aprender de la oportunidad del instante, cuando pasamos de efímeros a libres...

Emig



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lunes, 23 de marzo de 2009

Un trocito de amor


Y descubrió que no sabía lo que era el amor pero lo sentía como afinidad, quizás de la Verdad.

Intuía que éste no se puede medir ni tan siquiera con la mirada que todos ven; porque sentía ésta, muy adentro, tan profusa a veces, que parecía llenarlo todo del amor que sentía distinguir, como lo hace la cresta de la ola de las demás cuando bajan.

Sientes que pereces de júbilo, pero se atisba un renacimiento cuyo camino es umbral, que convierte los latidos en pasos sinuosos que emulan el placer del sentimiento, y te acercan más y más al interior que pocas veces atiendes, y agradeces la presencia de la magia encendida, sonriendo al contemplar que hoy no está escondida, y por unos minutos que no son del tiempo conocido, abarcas lo más parecido a un firmamento, y piensas que soñar es tan solo sendero ficticio, cuando al resoplar, la dulce sensación sigue entera, pues la pieza enferma se ha movido, haciendo del amor, hermano del insigne momento, sospechando la existencia de quien decide algo sublime, que no por ello siempre certero, pero hermoso más allá de lo fervoroso...

Se llama Reme, se llama Ana... no se llama nada, pero tiene nombre, y a veces aparece sonriendo, cual imaginación que no desea salvo la verdad de cada instante, y en ese espacio distante, reverberará su nombre; miras adentro y envuelve la paz, y aunque ella no venga o vuelva, ahora está su secreto conmigo, como sensación peregrina que descansa, cierra los ojos y embelesa el alma nunca dormida...


Emig

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domingo, 15 de marzo de 2009

La verdad


¿Qué esconde cada instante? ¿Lo descubrimos a la vez que nos descubrimos, o lo vivimos desde la siempre forma? ¿Plasmamos en cada paso el compromiso que desde el sigilo de nuestra alma hemos intuido alguna vez? ¿Somos conscientes de la necesidad imperiosa de cambio que vivimos?


El problema de la verdad es que no se proclama a sí misma como cualquier cosa que conocemos. El problema de la verdad es que es siempre la misma desde el principio de los tiempos, pero el ser humano, necesita que la verdad sea conveniente a su egoísmo, a sus necesidades particulares y que hable su propia jerga. La verdad tiene el mismo idioma para toda la humanidad, pero el ser humano, no la buscamos a través del lenguaje de la palabra, ni el lenguaje del pensamiento, ni el de la acción. Hemos olvidado el destello de intuición... Con estas tres formas de expresión hemos reinventado, argumentado desde la argucia, nuestra verdad, separada de lo que es, y por ende, separada de lo que somos...

Pero no es ningún problema de la verdad, y si un problema del ser humano al no reconocerla. A pesar del tiempo vivido como humanidad, a pesar, incluso, de lo que puede aprenderse en una vida, resulta que no andamos con ella ni tampoco hacia ella, porque no hemos aprendido a ver desde fuera nuestra artificial creación y reconocerla como tal. No tenemos la valentía de abrir los ojos, aunque ello requiera tener que cerrarlos primero, y en vez de sentir la divinidad que somos en esencia, elegimos lo efímero que dicta nuestra mente, fruto ella de todo lo que hemos creado, y en vez de ser creadores silentes, repetimos como loros nuestra verdad, la tan querida verdad que nos conduce a la perfidia encubierta por la ignorancia.

Quizás tocamos algunas teclas del amor, pero no entendemos su significado. Quizás entendemos que tenemos corazón, pero los latidos no son comprendidos. Quizás sabemos del silencio, pero no escuchamos su canto. Quizás recordamos que hay que seguir, pero no sabemos hacia dónde... Tampoco somos ninguna continuidad de conciencia cuando el punto de luz cambia de color como nuestra mente de pensamiento...

El camino es hacia el alma y desde el alma. Pero aquello que entendemos como conciencia no es fruto de ninguna paciencia del eterno decoro, cuyo ritmo natural es caricia del Universo. Hemos leído los Versos Áureos de Pitágoras con la mente; hemos visitado estaciones de sabiduría pero no hemos visto pasar ningún tren. Hemos quizás, entrado en algún vagón pero no hemos entendido lo vivido en él... Hemos presenciado algo del eterno saber, pero al no vivirlo desde la vivencia, ha caído en el olvido.

En definitiva, la verdad sigue estando ahí; pero somos nosotros quienes no la miramos de cerca, pues para verla, solamente la mirada del alma la contempla; sin embargo, decidimos continuar sin la humildad de reconocer que mejor empezar desde dentro que seguir... ¿hacia dónde? El abismo.

Emig

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